Han pasado
unos pocos días y apenas comenzamos a recuperarnos, cuando volvemos a sentir
dentro de nosotros la necesidad de
volver a empezar de nuevo. Aunque
intensa, nos quedamos con la sensación de que la Semana Mayor fue breve.
En la
memoria habitan ya recuerdos imborrables y vivencias que conforman desde
aquellos momentos parte ineludible de nosotros.
Algunos malos, los menos, y otros
muchos para creer en la calidad humana de todos los que formamos “La
Soledad “y en su proyecto musical único.
Como ya es sabido,
este año tuvimos que aguardar al Lunes Santo para estrenarnos. Las
circunstancias así lo quisieron. Por
eso, tras unos días viendo cofradías ya en la tele o en directo, o tocando con
otras formaciones, la cita con la Señora de la Palma se antojaba más deseada si
cabe.
El clima no nos lo iba a poner fácil, pues había cierto riesgo de lluvia. Aun así, la Hermandad de la Viña se echó a la calle, consciente del riesgo que asumían y valorando las desilusiones que provocaría entre su amplia parroquia el no hacerlo. En una demostración de pundonor y esfuerzo, el palio se presentaba en la Catedral de Cádiz en apenas 9 chicotás. El acompañamiento creemos que estuvo a la altura de tal exhibición, pues no paró la banda de tocar cada vez que así se requería.
Con unas dos
horas de adelanto sobre la hora oficial, la Virgen tenía su recogida.
El martes
nos desplazábamos a la ciudad de Xerez. Es la Defensión una corporación de
sabor añejo y singular. Su sobriedad y rigor en la calle, se opone a las demás
hermandades a las que acompañamos, que poseen un carácter más alegre.
La procesión
en la calle hace uso de un repertorio igualmente singular, repleto de
auténticas joyas de la música procesional que nosotros, particularmente, tan
sólo podemos interpretar tras la Señora de la “O”.
Llegada la
hora de la apertura de las puertas del templo, y cuando ya nos encaminábamos a
ocupar nuestro sitio, nos informaban oficiosamente que este año no harían su
estación de penitencia. Minutos más tarde era la Junta de Gobierno quien lo
corroboraba. La posible lluvia, que al final no apareció en toda la noche, nos
dejó con las ganas de ser partícipes como ejecutantes de uno de los mejores
repertorios que se puede escuchar en el mundo de las cofradías.
El miércoles
es el turno para acompañar a la Capitana del Realejo. Desde la lejanía de
Granada, aun en la carretera, si divisa un cielo cenizo que podía deparar un
nuevo viaje en falso. Pero en esta ocasión, no hubo nada que temer y a su hora y en una plaza de Santo Domingo a rebosar
Santa María del Rosario procesionaba por Granada.
Cortejo el granadino que ha apostado claramente por
la elegancia, evitando estridencias en cualquiera de sus formas: andares del
palio, cuerpo de nazarenos, enseres, disposición del sequito, repertorio
musical… Como gusta decir a alguno de los miembros de esta casa, una procesión
“Señorial y Elegante”.
Pasada la
1.00 de la mañana y con las cámaras de Canal Sur como testigo, tenía su entrada
la nao burdeos del Realejo.
Rondaban las
6’00 de la mañana cuando el bus llegaba a Cantillana. En apenas tres horas, lo
volveríamos a tomar en dirección Alcalá del Río.

Nuestra
función en esa mañana es amenizar con pasacalles la misma. Un pequeño receso y
un concierto de marchas procesionales a pie de calle.
Acabaríamos
a las 13:30 volviendo a participar en el tradicional paseo sobre las
17:00. Acabado éste, nos dirigimos
rápidamente a Cantillana, donde apenas una hora después tendría su salida Ntra.
Sra. del Consuelo.
Añorado y deseado por ambas partes era el recuentro que tendríamos Hermandad y Banda este año. Si en el pasado ninguna de las entidades pusieron todo de su parte por evitar la ruptura, el tiempo manifestó por su lado que había que subsanar dicho entuerto. Así, pasados unos minutos las 19:00 del Jueves Santo, La Soledad de Cantillana se reencontraba en la calle con El Consuelo.
Es esta una procesión rápida en su transitar y breve en cuanto horarios, pues apenas está en la calle entorno a 5 horas, pero por otro lado, es de una intensidad inusual. Aunque es una procesión de corte más bien alegre, el repertorio evito en todo momento estridencias innecesarias, dando incluso cabida a composiciones de carácter más lúgubre y tradicional. Recogida puntual a la media noche.
Y aunque parezca increíble, nuestra jornada aún estaba inconclusa, pues en unas horas partíamos hacia la vecina localidad de La Algaba para acompañar a Ntra. Sra. de los Dolores. Dolorosa de la Hermandad de Jesús, auténtico estilarte de la localidad.
A la
responsabilidad dejar una grata impresión, se unía la de ofrecer lo mejor de ti
para estar a la altura de una procesión deslumbrante, capaz de poner en la
calle más nazarenos que muchas hermandades de grandes capitales y que cuenta
con fervor y devoción en cada rincón de la localidad. Nunca caminan sus
titulares solos, cosa digna de alabar, pues estando tan próxima la ciudad de
Sevilla viviendo a esas horas el momento sublime de su Semana Mayor, no ocurre
como en otras localidades, donde es fácil transitar por calles desiertas
esperando que rompa el alba para que resurja un poco de vida en las calles.
Extenso fue
el horario, pues tuvo su recogida en torno a las 12:00 de la mañana, casi hora
y media de demora sobre lo previsto.
Ya sólo nos
faltaba la tarde del Viernes Santo. Como nos gusta decir, por suerte jugamos en
casa…
Parece que
Cantillana comienza a asumir como un acierto el que la Hermandad de la Soledad
recupere el formato y cortejo de antaño, volviendo a procesionar el Sepulcro y
el paso de San Juan y la Magdalena. Estos dos pasos serían acompañados por
sendos grupos de música de capilla, integrantes de nuestra formación. El cortejo con ello, adquiriría un tono más
sobrio y acorde con el día y a los hechos que las imágenes representan.
La patrona
de Cantillana es acompañada por su pueblo, siendo el Viernes Santo un día
festivo de relevancia absoluta y vislumbrándose desde el porche de la ermita,
una Calzá a rebosar. A la salida, como cada año, los músicos tocan y cantan el
himno-marcha que compusiera Gabriel Ríos, “María Soledad” dando paso posteriormente
a composiciones de corte clásico. Para
el recuerdo quedarán las dos marchas con
las que el Sepulcro abandonó la Parroquia de Cantillana: “Una Lágrima” de Roig
y “A la Memoria de un Maestro” de Antonio Moreno Pozo.
Pasadas las
2:00 ya siendo sábado, nuestra patrona finalizaba por este año su procesión,
aguardando en su ermita el cortejo al completo como otra gran cantidad de
público, que hacían presentar un lleno
casi agobiante de la Iglesia, reunidos para dar la despedida hasta el año que viene al compás de la
música.
El epílogo se pondría el Domingo de Resurrección en Castilleja de la Cuesta. Junto a la Hermandad de la Plaza, desde las 6:00 de la mañana teñimos de rojo las calles del pueblo y celebrábamos la Resurrección de Jesucristo en esta localidad, festejando en su plenitud dicho misterio. Día en el que apenas se interpretan alguna marcha de procesión, siendo los pasodobles y marchas militares las que copan el protagonismo.
Se da la circunstancia
de ser este año especialmente emotivo para las gentes de la Hermandad de
Santiago, pues celebrarán la Coronación Canónica de su Dolorosa. Por ello, este
año el Simpecado de la corporación no procesionó en su carreta de plata como
suele hacer, sino que fue llevado a pulso por los propios hermanos. Es este un
hecho a considerar y valorar, pues el estandarte es de dimensiones más que
considerables y su peso en proporción.
A las 13:00
puntual y casi ritualmente como cada año, los sones del Himno Nacional ponían
el fin a nuestra labor durante esta semana.
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